
Conoce
Nuestra historia
Un legado de esfuerzo y amor por Nariño

Lácteos La Victoria
Producción de calidad desde 1975

En Lácteos La Victoria, llevamos con orgullo la esencia de nuestra tierra en cada producto que elaboramos. Nuestra historia es un ejemplo de cómo la pasión, la constancia y el amor por lo nuestro pueden abrir caminos y vencer cualquier obstáculo



Dicen que los sueños más grandes nacen de la tierra misma, entre madrugadas frías y el aroma de la leche recién ordeñada. Así comenzó nuestra historia, en la finca La Victoria de la vereda de Nazate, un rincón de Cumbal donde la neblina cubría los campos al amanecer y el trabajo duro era parte de cada día.
Corría el año 1975 cuando un joven campesino, Diomedes Portilla, decidió que su destino no estaba solo en la cosecha, sino en la transformación de la leche en algo más grande. Desde niño conocía el valor del esfuerzo y la dedicación en el campo, pero también tenía una visión audaz: quería emprender, construir algo propio, darle forma a un sueño. Con el apoyo incondicional de su esposa, Mercedes Ríos, y con más determinación que recursos, montó una pequeña fábrica con métodos empíricos, pero con la certeza de que podía lograrlo.
Al principio, la producción era modesta: quesos frescos como campesino, molido y prensado, además de mantequilla, que viajaban hasta Pasto en busca de compradores. Muchos dudaban de que pudiera competir con empresas ya establecidas, pero Diomedes no veía barreras, sino oportunidades. Y tenía razón.
El aumento de la demanda exigía cambios, y fue así como, a principios de los 80, la fábrica se trasladó a nuevas tierras en el Alto de la Coba Negra, en busca de mejores condiciones para su crecimiento. Pero quizás la decisión más arriesgada fue abrir un punto de venta en ese mismo lugar, una de las zonas más frías y elevadas de la vía entre Pasto e Ipiales. Muchos le advirtieron que el clima espantaría a los clientes y que nadie se detendría allí, pero Diomedes, fiel a su instinto, decidió intentarlo. Levantó una pequeña cabaña junto al camino, acogedora y cálida, donde los viajeros podían encontrar un respiro en su trayecto y disfrutar de los sabores de su tierra. Pronto, aquel modesto refugio se convirtió en una parada anhelada por quienes recorrían la vía al sur, un punto de encuentro donde el frío se desvanecía con el aroma de las fresas con crema y la miel con cuajada.
Con el tiempo, su creatividad lo llevó a innovar, incorporando yogures de distintos sabores frutales, el delicioso kumis, el arequipe, las quesadillas y el queso holandés, uno de los primeros quesos maduros en Nariño y hasta entonces desconocido en la región. La calidad de su trabajo llamó la atención de una importante empresa, que comenzó a comprar estos quesos y a venderlos bajo su propia marca, permitiendo que Lácteos La Victoria cruzara fronteras y llegara al mercado nacional.






Pero el camino del emprendimiento nunca es fácil, y en los años siguientes llegó el momento de un nuevo capítulo. En 1987, Diomedes decidió entregar las riendas de la empresa a su hija, María Fernanda, quien, junto a sus hermanas y hermanos, asumió el reto con valentía. Con la mezcla perfecta entre la experiencia de su padre y el empuje de la nueva generación, la empresa creció y se fortaleció. Para responder a la creciente demanda en la región, tomaron la difícil decisión de abandonar la línea de quesos maduros y enfocar los recursos en ampliar la planta y mejorar la producción de los productos más tradicionales. Fue un sacrificio necesario para seguir avanzando, asegurando que Lácteos La Victoria continuara conquistando el mercado con su inconfundible calidad.
Pero la historia no se detiene ahí. Fieles al espíritu innovador de su fundador, en Lácteos La Victoria no solo perfeccionamos nuestros lácteos, sino que también incursionamos en nuevas líneas, como jugos y otros alimentos, compitiendo con calidad y pasión frente a las grandes marcas de la industria. Hoy, nuestra familia ha crecido. Muchas manos trabajadoras se han sumado a este sueño, y nuestros productos llegan a hogares en distintos rincones de la región. Nos aseguramos de que cada producto conserve la esencia de nuestra tierra, manteniendo siempre los más altos estándares de calidad y seguridad.
Sin embargo, más allá del crecimiento y los logros, lo que realmente nos enorgullece es mantener vivo el sueño de Diomedes: ser una empresa con raíces campesinas, nariñenses y profundamente comprometidas con su gente. Porque Lácteos La Victoria no es solo una marca, es un sueño hecho tradición. Es la historia de un joven visionario que, con esfuerzo y amor por su tierra, transformó una idea en un legado. Lo que comenzó como una pequeña visión en la finca La Victoria se convirtió en una empresa familiar que sigue creciendo, impulsada por la misma pasión que la vio nacer. Hoy, su espíritu sigue vivo en cada generación, en cada producto y en cada hogar que disfruta el sabor auténtico de nuestra tierra.

